*Una inauguración sin presidenta en la cancha donde Pelé fue inmortal, donde Maradona fue dios, donde México vivió sus dos Mundiales más luminosos. Una ausencia que pesa más que cualquier discurso que hubiera pronunciado. por Enrique Hernández Alcázar La escena está puesta. El Estadio Azteca, remodelado, bruñido, casi arrogante en su monumentalidad, espera el pitazo …







