La Casa Blanca confirmó este martes que el presidente estadounidense, Donald Trump, y su Gabinete analizan “diversas opciones”, incluyendo el “uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses”, para hacerse con el control de Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. La declaración oficial, emitida por la portavoz Karoline Leavitt, justifica este objetivo como “una prioridad de seguridad nacional” vital para “disuadir a nuestros adversarios en la región ártica”.
La comunicación de la Casa Blanca, remitida a medios como CNBC, llega tres días después de que Estados Unidos ejecutara una operación militar para apresar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien fue trasladado a Nueva York para enfrentar un juicio federal. Tras esa acción, el gobierno de Trump ha subrayado que “Washington actuará de manera unilateral para defender lo que considera intereses de seguridad nacional”. En ese contexto, el presidente estadounidense ha reiterado que Estados Unidos “necesita controlar Groenlandia para asegurar las rutas marítimas árticas”.

El ambiente de tensión se vio reforzado este lunes por declaraciones del jefe adjunto de Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien aseguró que “Washington debería controlar la isla” y afirmó que “nadie va a enfrentarse militarmente a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”. Miller cuestionó: “¿Con qué derecho Dinamarca ejerce control sobre Groenlandia?”. Este territorio, cuya población ha expresado su rechazo a la idea de integrarse a Estados Unidos, goza de autogobierno pero su defensa y política exterior dependen de Dinamarca.
Frente a estas amenazas, el enviado especial de Trump para Groenlandia, Jeff Landry, intentó este martes matizar el discurso. Landry defendió “la independencia de la isla con acuerdos económicos con Washington” y “descartó que el presidente estadounidense quiera tomarla por la fuerza”. En sus palabras: “Creo que el presidente apoya una Groenlandia independiente con vínculos económicos y oportunidades comerciales para Estados Unidos”.
La reacción europea ha sido de firme respaldo a la soberanía danesa. La Comisión Europea y los gobiernos de Francia, España, Alemania, Reino Unido y países escandinavos coincidieron en defender a Groenlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió seriamente sobre las consecuencias de una agresión: “si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará, incluida nuestra OTAN y, en consecuencia, la seguridad que ha proporcionado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”.
La situación coloca a la Alianza Atlántica ante una crisis sin precedentes, con un socio clave declarando abiertamente su interés en anexar por la fuerza territorio de un aliado fundador. Las declaraciones de la Casa Blanca oficializan una postura que hasta ahora circulaba en declaraciones aisladas de Trump y sus asesores, elevando la tensión geopolítica en el estratégico Ártico, una región de creciente competencia por recursos y rutas.





