* Once jugadores cayeron en la cancha. Quizá por eso desde el gobierno federal se prefiere hablar del futbol profesional, del Mundial, de los reflectores y las marcas, y no del futbol llanero que hoy se juega con miedo.
por Enrique Hernández Alcázar
Mientras en la pista principal de la realidad se reportaba la ejecución de once personas en una cancha de futbol en Salamanca -once cuerpos tirados sobre el mismo pasto donde minutos antes había juego, risas y comunidad-, desde Palacio Nacional la presidenta Claudia Sheinbaum invitaba, sonriente, a jugar futbol y a hablar del Mundial.
La escena no es solo ofensiva. Es sintomática.
Durante años, Andrés Manuel López Obrador repitió que las masacres ya no existían, que eran cosa del pasado neoliberal. Lo decía mientras sonreía, incluso mientras se acumulaban las cifras. Hoy, ya sin carcajada, el abandono persiste. Cambió el tono, no la realidad. Once personas asesinadas en un espacio público, a plena luz del día, en un municipio gobernado por Morena. Y el país escuchando, otra vez, que no pasa nada extraordinario.
Desde Guanajuato, el alcalde de Salamanca -morenista, por cierto- grabó un video desde su despacho. Dijo que “el crimen quiere someter a la autoridad” y pidió ayuda. Lo hizo como si no fuera él la autoridad. Como si gobernar fuera una anécdota administrativa y no una responsabilidad concreta. Cuando hay campaña presumen control. Cuando hay masacres descubren que el narco es más fuerte que el Estado.
No es metáfora futbolística, pero once jugadores cayeron en la cancha. Quizá por eso desde el gobierno federal se prefiere hablar del futbol profesional, del Mundial, de los reflectores y las marcas, y no del futbol llanero que hoy se juega con miedo, rodeado de halcones y rifles. Ese futbol no sale en la mañanera. Ese futbol incomoda.
Desde Palacio se ha normalizado la barbarie. No con discursos violentos, sino con silencios estratégicos. La presidenta con A, de Ausente, cuando el tema puede costar puntos en las encuestas, decidió cambiar de conversación. Y no solo eso: utilizó el escaparate del Mundial de la FIFA, ese negocio multimillonario que no pagará impuestos en México, para hablar de espectáculo, consumo y likes.

El 18 de junio de 2026 la selección mexicana jugará contra Corea del Sur en Guadalajara. Y sí, los morenistas más fifís -los del progresismo de vitrina—- están eufóricos. K-Pop, BTS, conciertos, derrama económica. La banda más popular del fenómeno asiático dará tres conciertos en mayo. Los boletos volaron. Todo es emoción, todo es mercado.
¿Y eso qué tiene que ver con la presidenta? En teoría, nada. En la práctica, todo. Porque mientras once personas eran ejecutadas y doce más quedaban heridas en Salamanca, la presidenta con A de Abusada presumía que ya había enviado una carta al gobierno de Corea del Sur para gestionar más conciertos de BTS en México.
Política internacional de primer nivel.
La presidenta con A de Austeridad en duda. La presidenta con A de “acá nomás mis temas cuentan”. La presidenta que prefiere hablar de estadios, giras y selfies antes que de una masacre ocurrida mientras la gente jugaba futbol en su colonia.
Claudia Sheinbaum empieza a parecerse peligrosamente a eso que juró no ser: una presidenta con A de Abandono. Abandono de las víctimas. Abandono del territorio. Abandono de la responsabilidad esencial del Estado: garantizar que jugar futbol no sea una sentencia de muerte.





