*Brazo derecho, confidente político y compadre de Ricardo Monreal, Pedro Miguel Haces Barba es la antítesis de la austeridad republicana que pregonaba el fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador.
Por: Enrique Hernández Alcázar
Con la mano en la cintura, Pedro Haces hace lo que le da la gana.
Lo hace en lo simbólico y en lo material. En lo público y en lo privado. En la fiesta ostentosa y en la negación descarada. Es el ejemplo perfecto de la pornocracia mexicana: el poder sin pudor y en plena impunidad.
Ahí están las fiestas millonarias para festejar su cumpleaños –banquetes de nuevo rico sindical, pasarela de influencias, poder en exhibición– como si el país no estuviera sumido en una crisis de violencia, deuda pública histórica y descrédito institucional. El mensaje es claro: yo no rindo cuentas, yo celebro. Yo mando.
Brazo derecho, confidente político y compadre de Ricardo Monreal, Pedro Miguel Haces Barba es la antítesis de la austeridad republicana que pregonaba el fundador de Morena y que -como AMLO- se fueron a ‘La Chingada’ al momento en que el expresidente se fue a su finca de Palenque.
El caso de “El Limones” lo vuelve a pintar de cuerpo entero. Es tan evidente su relación, su conexión y su cercanía, que resulta insultante intentar borrarla a punta de posteos en las redes sociales.

Pedro Haces se aferró a un resquicio léxico pronunciado por Omar García Harfuch para celebrar –con sonrisa satisfecha– que su CATEM “no tiene nada que ver” con esa CATEM estampada, no una sino decenas de veces, en fotos, en videos, en las playeras, en los distintivos en la solapa y en compañía del propio Haces en eventos públicos que presumía Edgar Rodríguez Ortiz en las redes sociales. Hoy, Edgar ‘N’ está detenido por extorsión y señalado por presuntos vínculos con la organización criminal de Los Cabrera en La Laguna.
El truco es viejo, pero sigue funcionando: negar la evidencia no refutándola, sino diluyéndola. No es mi CATEM, dice. No es mi gente. No es mi responsabilidad. Aunque la marca sea la misma, aunque el discurso sea el mismo, aunque el músculo territorial opere igual. La semántica como coartada. El diccionario como abogado defensor.
Pedro Haces se jacta de ser la resurrección del viejo control sindical de Fidel Velázquez. Solo que ya no es la CTM priista de traje gris y puros habanos, sino una versión guinda, reciclada, adaptada al nuevo régimen. La CTM de la 4T. Otra muestra de que no son lo mismo, sino peores. El corporativismo del viejo PRI no murió, solamente cambió de color. Cambió de discurso. Cambió de logotipo. Pero sigue siendo el mismo animal: disciplinar, controlar, negociar poder a cambio de impunidad.
Lo verdaderamente preocupante no es solo Haces, sino lo que representa. Un modelo de poder donde la cercanía política se convierte en blindaje; donde la sospecha se responde con cinismo; donde la evidencia se esquiva con juegos de palabras. Un sistema donde el poder se exhibe sin vergüenza porque sabe que no habrá consecuencias. Y lo más preocupante: la construcción de estructuras sindicales como músculo electoral que operan con estructuras paralelas del crimen organizado. El peor de los mundos posibles.
Esa es la pornocracia: la obscenidad política. El poder que se muestra desnudo, sin ética, sin rubor, sin freno. El poder que ya ni siquiera intenta parecer decente. La impunidad explícita.
Por ahora, Omar García Harfuch, su secretario de Seguridad, solo atinó a responder que “por ahora” no hay indicios de los nexos entre CATEM, Pedro Haces y la red de extorsionadores que ya también tienen denuncias en Sonora. Lo que se le ‘olvidó’ decir a Harfuch es que los empresarios de Durango y Coahuila le han escrito un par de cartas en las que explican que las extorsiones que han sufrido tanto agricultores, como productores y campesinos laguneros fueron a manos de personajes que presentaban como miembros de la CATEM.
No se necesitan tres dedos de frente para, por simple lógica institucional, ordenar una investigación a fondo. O como para ver las fotos y los videos explícitos (que ya fueron borrados de las cuentas de redes sociales de la CATEM) que han circulado en el mundo digital en los días recientes. Tampoco se necesita ser politólogo como para analizar el tipo de personajes que respaldan los dichos y la posición de Pedro Haces: Eruviel Ávila, Sergio Gutiérrez Luna y el propio Ricardo Monreal.
A estas alturas, ya no sirve preguntar: “¿Pedro, qué Haces?”. Ante la evidencia grosera, la pregunta verdaderamente trascendente es otra: ¿Claudia, y tú qué haces?
El de Pedro Haces no es un caso aislado. Es el síntoma de la peor enfermedad del morenismo: la ceguera interna. Un espejo incómodo de un movimiento de ‘izquierda’ que prometió regeneración y que terminó tolerando los mismos excesos que combatió durante décadas.
Un recordatorio de que cuando el poder pierde el pudor, lo siguiente a perder es la democracia. Y es también una seria advertencia orgánica: cuando un órgano se alimenta de chatarra, lo intestino colapsa con sus propias heces.





