*Ernestina no llega para corregir nada; llega para garantizar que nada se mueva demasiado. Para que el legado de la casa permanezca intacto. Para que la silla del Fiscal siga siendo, ante todo, una pieza en el tablero presidencial.
por Enrique Hernández Alcázar
Curioso. Muy curioso.
Se fue de la FGR quien acusó a su excuñada por la muerte de su hermano y hasta metió a la cárcel a su exsobrina para sostener esa vendetta digna de novela mala. Y en su lugar, como en un acto de prestidigitación política, llegará Ernestina Godoy Ramos.
Sí, la misma que inventó un delito que no existía en el Código Penal de la CDMX para complacer la furia personal de Alejandro Gertz Manero. La misma que vio cómo la Suprema Corte -encabezada entonces por Norma Piña- ordenó la liberación inmediata de Alejandra Cuevas, exhibiendo la fabricación del caso y el abuso de poder.
Y nada de eso importa. Nada pesa. Nada estorba. Como si esas grietas no hablaran de un patrón. Como si la memoria no sirviera cuando se trata de cercanos al régimen. Porque Ernestina carga una carpeta entera de polémicas que la 4T actúa como si no existieran:
—El presunto espionaje contra adversarios políticos —del PRIAN y hasta de Morena— durante la campaña de 2024.
—Las acusaciones de Rosario Robles en 2022 por congelar avances de una denuncia presentada tres años antes sobre una licencia falsificada en las propias oficinas de la Fiscalía chilanga.
—Los señalamientos de usar a la FGJ en CDMX para perseguir al llamado cártel inmobiliario mientras otras denuncias dormían siestas eternas.
—El presunto plagio en su tesis de licenciatura en la UNAM, documentado por Guillermo Sheridan en 2024, con referencias sospechosamente parecidas a trabajos de Jean-Claude Yhoening y Mauricio Merino.
Pero que nadie se haga el ofendido. Esto no es sorpresa. Es dogma político. Ya lo había dejado muy clarito el ahora reaparecido AMLO: en la 4T los funcionarios deben de tener 90% de lealtad y 10% de capacidad.
Y cuando uno entiende esa ecuación, comprende muchas cosas. Comprende, por ejemplo, por qué Ernestina -la Sancho Panza de la Quijotesca de Palacio- aparece hoy como la carta natural para ocupar la Fiscalía General. No porque sea la mejor. Sino porque es la más útil.
¿Está decidido ya? No oficialmente. ¿El proceso en el Senado es pura simulación? Qué pregunta tan ingenua. Esto huele a interinato perpetuo. Apesta a que estos nombramientos de “mientras tanto” van a terminar durando años. Y quizá se conviertan en transexenales.
De hecho, la propia Ernestina ya se asume en esa silla. Basta leer sus posteos en X donde anuncia cambios y relevos al interior de la FGR. El más reciente hasta el momento de escribir esta columna: “En la Fiscalía General de la República, la Agencia de Investigación Criminal es el órgano que coordina, planea, supervisa y ejecuta acciones para combatir la delincuencia. Ayer me reuní con Héctor Elizalde Mora, quien se convierte en el titular de dicha agencia”. Y claro, con la foto de ambos como evidencia del nuevo orden que se está imponiendo. O del viejo orden. O más bien el de siempre.
Porque si algo demuestra esta transición rara, discreta y profundamente conveniente, es que la FGR no cambia: se acomoda. Y en ese reacomodo, Ernestina no llega para corregir nada; llega para garantizar que nada se mueva demasiado. Para que el legado de la casa permanezca intacto. Para que la silla del Fiscal siga siendo, ante todo, una pieza en el tablero presidencial.
Curioso, sí. Pero en México, lo curioso nunca es casualidad.





