Pornocracia | Cancelen Miss Universo 2

*El certamen, que desde hace décadas intenta disfrazar su estructura patriarcal con discursos de empoderamiento, vuelve a exhibirse: poder, dinero y política bailando sobre tacones.

por Enrique Hernández Alcázar

En Tailandia, el eco de los aplausos sonó más falso que la purpurina de la corona. Fátima Bosch, la misma mexicana que semanas atrás fue humillada en público por un directivo del certamen, terminó coronada como Miss Universo 2025. Ironía o guion perfectamente ensayado, el desenlace huele más a estrategia que a redención.

El problema no es que una mexicana tabasqueña haya ganado —eso debería alegrar a quienes gustan de este tipo de eventos—, sino cómo ganó. En redes y en pasillos del propio concurso se multiplican los rumores: un arreglo, una negociación, un intercambio de favores. El pianista y exjuez francés Omar Harfouch, que renunció antes de la final, lo dijo sin rodeos: “Miss México es una Miss Universo falsa y les diré por qué”.

En un video que circula en todas las plataformas, Harfouch acusa directamente a Raúl Rocha, copropietario del concurso, y a Bernardo Bosch Hernández, padre de la nueva reina, de haber pactado la victoria a cambio de “proyectos estratégicos” y dinero de por medio. Según su testimonio, le pidieron votar por Fátima porque “sería bueno para el negocio”.

Si esto fuera una telenovela, la trama sería predecible. Pero no: es el mismo escenario donde hace apenas unas semanas vimos a Nawat Itsaragrisil —otro dirigente del concurso— alzar la voz y humillar a Bosch por “rebelde”. Y ahora, súbitamente, esa misma figura “problemática” se convierte en la reina del mundo. Demasiada coincidencia para un evento que presume transparencia.

El certamen, que desde hace décadas intenta disfrazar su estructura patriarcal con discursos de empoderamiento, vuelve a exhibirse: poder, dinero y política bailando sobre tacones. No es casual que resurjan nombres ligados a la 4T. La nueva Miss Universo es sobrina de Mónica Fernández Balboa, directora del INDEP y ex presidenta del Senado. Las redes lo bautizaron con sorna como “Tabasco Power”: un guiño a aquellos años noventeros en que Lupita Jones fue coronada bajo la sombra de Salinas y el TLC.

El hilo viral que incendió las plataformas lo resumió con brutal ironía: “Solo en México celebraron el triunfo de Fátima Bosch; en Tailandia la abuchearon por corrupta”. Y aunque la veracidad de las acusaciones aún debe probarse, el daño ya está hecho: el certamen volvió a demostrar que no ha cambiado nada, ni en su lógica ni en su ética.

Miss Universo sigue siendo una fábrica de espejismos donde la belleza es apenas la fachada de negocios millonarios, intereses políticos y patriarcas con micrófono. Un concurso que presume “diversidad” pero que sigue controlado por los mismos perfiles de siempre: hombres en traje, inversionistas con sonrisa de marketing, productores con poder de veto.

¿Y qué hace el público? Aplaude, debate, se indigna. Pero también perpetúa la marca. Porque los escándalos no destruyen este tipo de espectáculos: los alimentan. Cuanto más ruido, más rating; cuanto más indignación, más visibilidad. La maquinaria sigue girando mientras las concursantes son apenas fichas reemplazables en un tablero donde el dinero manda.

La pregunta no es si Fátima Bosch merecía o no la corona. Es si aún tiene sentido coronar a alguien. Si no deberíamos, de una vez por todas, dejar de premiar la obediencia con brillo y el poder con lentejuelas.

Recordar que, cuando Lupita Jones ganó Miss Universo en 1991, los señalamientos fueron entonces contra el gobierno de Carlos Salinas de Gortari que habría “intercedido” para que todo mundo volteara a ver a México justo en momentos de negociaciones del TLC (NAFTA) y de ese presidente que intentó vender espejitos como diamantes para llevarnos al ‘primer mundo’.

Así que sí, repito el título de la columna que aquí publiqué el pasado 4 de noviembre. Con convicción y, la verdad, un poco de hartazgo: CANCELEN MISS UNIVERSO.

No porque una mexicana haya ganado, sino porque todos perdimos la oportunidad de ver algo distinto. Sino, basta recordar.

***

Compartir esta noticia
Enrique Hernández Alcázar

Enrique Hernández Alcázar