Pornocracia | “AMLO, el freno de mano”

Por más que se repita el mantra de “no somos iguales”, la realidad se empeña en desmentirlo. El sexenio de Andrés Manuel López Obrador, que prometía erradicar la corrupción desde la raíz, está siendo alcanzado por las mismas sombras que juró combatir. 

El caso del huachicol fiscal —ese contrabando de combustible que se volvió industria paralela— ha dejado de ser un asunto periférico para convertirse en el epicentro de una red que toca a la Marina, a las aduanas, a empresarios… y a personajes muy cercanos al expresidente.

La detención de Hernán Bermúdez Requena en Paraguay, señalado como operador de “La Barredora” y protegido por el exgobernador Adán Augusto López, no es un hecho aislado. Tampoco lo es el amparo solicitado por un abogado vinculado a Caro Quintero en favor de Andy y Bobby López Beltrán. ¿Precaución legal o señal de que el fuego ya llegó a Palenque?

La presidenta Claudia Sheinbaum, en un movimiento que muchos interpretan como ruptura simbólica con su antecesor, permitió que se tocara a la Marina. La red desmantelada en Tampico involucra a vicealmirantes, contralmirantes y funcionarios de aduanas que operaban con total impunidad2. ¿Y el comandante supremo de las Fuerzas Armadas? ¿No sabía? ¿No quiso saber?

Las frases célebres del Peje se le están regresando como búmeran. “El presidente se entera de todo”, decía. “No hay corrupción sin complicidad desde arriba”, repetía. Hoy, esas máximas se convierten en acusaciones implícitas. Porque si el huachicol fiscal movió 170 mil millones de pesos, si los buques con diésel contrabandeado llegaban a puertos controlados por la Marina, si los empresarios ligados al grupo Tabasco obtenían concesiones estratégicas, ¿cómo explicar el silencio presidencial?

Adán Augusto, el “notario de la mafia” como lo llaman algunos periodistas tabasqueños, aparece en cada esquina del escándalo. Desde su notaría hasta su paso por la gubernatura de Tabasco y la Secretaría de Gobernación, su nombre está ligado a personajes clave del entramado. Y aunque se dice dispuesto a colaborar, los documentos de la FGR y las filtraciones lo contradicen.

¿Estamos ante una red que se mandaba sola? ¿O ante una estructura que operaba bajo el amparo del poder, con la bendición tácita del tlatoani de la 4T? La pregunta no es menor. Porque si López Obrador no sabía, su gobierno fue ingenuo. Y si sabía todo con lujo de detalle, entonces fue cómplice y tapadera.

Ya veremos si la presidenta Claudia Sheinbaum tiene mejor estrategia que su mentor. Ojalá que sí. Sino, se estará forjando -justo en este momento- a los Bermúdez, a los Adanes y a Los Primos del futuro inmediato.

Por ahora, el freno de mano está puesto. Y no por ética, sino por cálculo. Porque cada nueva detención, cada nueva revelación, acerca el foco a Palenque. Y en ese camino, las frases del AMLO se convierten en pruebas. El presidente que prometió limpiar la casa parece haber dejado las puertas abiertas.

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Enrique Hernández Alcázar

Enrique Hernández Alcázar