Valentino Garavani, el icónico diseñador italiano de alta costura cuyos glamurosos vestidos, frecuentemente en su característico tono “rojo Valentino”, definieron la elegancia para la alta sociedad durante casi medio siglo, falleció en su casa de Roma. El deceso fue anunciado este lunes por su fundación. El creador tenía 93 años de edad.
“Valentino Garavani no solo fue una guía e inspiración constante para todos nosotros, sino una verdadera fuente de luz, creatividad y visión”, afirmó la fundación en un comunicado publicado en las redes sociales. El cuerpo del diseñador reposará en la sede de la fundación en Roma este miércoles y jueves, para que el público pueda presentar sus respetos. El funeral se celebrará el viernes en la Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires, en la Piazza della Repubblica de Roma.

Universalmente conocido por su nombre de pila, Valentino fue el artífice de la imagen de generaciones de miembros de la realeza, primeras damas y estrellas de cine. Desde Jackie Kennedy Onassis hasta Julia Roberts y la reina Rania de Jordania, sus clientas más célebres siempre destacaron que el diseñador poseía el don único de hacerlas lucir y sentirse en su mejor versión. Su conexión con la élite global no fue solo comercial, sino una relación de confianza y admiración mutua que trascendió las pasarelas.
La carrera de Valentino, que se extendió desde su consolidación en la escena romana en la década de 1960 hasta su retiro en 2008, se caracterizó por una consistencia excepcional. El diseñador, quien nunca fue un hombre atrevido ni se vistió de manera llamativa, cometió muy pocos errores de moda a lo largo de esas décadas. Su filosofía se centró en la belleza atemporal, la calidad artesanal exquisita y una feminidad sofisticada y poderosa, lejos de las tendencias efímeras.
Este enfoque meticuloso y su diseño a prueba de fallos lo coronaron como el indiscutible rey de la alfombra roja, siendo el elegido por las mayores celebridades para sus momentos de mayor gloria. Sus creaciones suntuosas y perfectamente estructuradas han adornado innumerables ceremonias de los Premios de la Academia, escribiendo capítulos esenciales en la historia de la moda y el espectáculo.

Uno de esos momentos icónicos ocurrió en 2001, cuando Julia Roberts lució un vestido columna vintage en blanco y negro del diseñador para recibir su premio Óscar a la mejor actriz por Erin Brockovich. La imagen de Roberts en aquel Valentino se convirtió en instantáneamente legendaria. Años más tarde, en 2004, Cate Blanchett también eligió al maestro italiano para su noche de triunfo, vistiendo un diseño de un solo hombro en seda color amarillo mantequilla cuando ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto por El aviador.
El “rojo Valentino”, un tono vibrante y específico patentado por la casa, se convirtió en su sello más reconocible, sinónimo de lujo, pasión y audacia controlada. Más allá del color, su legado reside en haber entendido y elevado el deseo de elegancia perpetua de sus clientas. Su muerte marca el final de una era en la que la alta costura era sinónimo de un nombre propio, un universo de belleza construido con precisión desde sus talleres romanos.





