Al cumplirse un año de la segunda presidencia de Donald Trump, el balance comercial para México es más positivo de lo que se anticipaba, aseguró Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía, quien ha encabezado las negociaciones comerciales con Estados Unidos y Canadá durante este periodo.
En una entrevista exclusiva con el diario La Jornada el funcionario detalló que alrededor de 85 por ciento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos no están sujetas a aranceles, mientras continúa una revisión del T-MEC que avanza con menos fricciones de las previstas inicialmente.
Ebrard explicó que el escenario bilateral se ha desarrollado en medio de un viraje estratégico mayor por parte de Estados Unidos, caracterizado por un nacionalismo económico conservador. Este cambio, señaló, implica una reorganización de prioridades que privilegia al continente americano y repliega la presencia estadounidense en regiones lejanas, dando lugar a un nuevo orden comercial y geopolítico.

“Estados Unidos está en un viraje estratégico mayor”, afirmó el secretario, al detallar que este proceso no es exclusivo de la actual administración, sino que ya se insinuaba durante el gobierno de Joe Biden con la Ley de Reducción de la Inflación, orientada a repatriar plantas industriales y otorgar estímulos a la inversión. Según Ebrard, esta transición redefine las reglas del comercio internacional y plantea nuevos retos para México.
En este contexto, el objetivo del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum es mantener las oportunidades económicas del país, proteger el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá y evitar el cierre de la red de apertura e inversión construida con diversos socios internacionales. Ebrard subrayó que, hasta el momento, Estados Unidos no ha puesto sobre la mesa de negociación el petróleo mexicano, ya que el interés principal está enfocado en la seguridad de las cadenas de suministro.
El funcionario recordó que el inicio del actual proceso de revisión del T-MEC estuvo marcado por tensiones significativas. Uno de los momentos más delicados ocurrió durante la primera conversación, vía videollamada, con su homólogo estadunidense, el secretario de Comercio Howard Lutnick, luego de que el gobierno de Estados Unidos señalara por escrito que México era “un gobierno narco”.
“Le dije, en primer lugar: ‘si tú piensas eso, para qué estamos hablando. No tiene caso’”, relató Ebrard, quien explicó que ese intercambio marcó el arranque de una relación que posteriormente se volvió funcional para ambas partes. “Hay que saber decir las cosas cuando las tienes que decir, no todo es evitar el conflicto”, añadió.
Pese a ese inicio adverso, el saldo al cierre del primer año del segundo mandato de Trump resultó más favorable de lo previsto. Ebrard detalló que, además del alto porcentaje de exportaciones sin arancel, en sectores sensibles como el automotriz se ha implementado un sistema de descuentos, aunque reconoció que aún falta alinearlo plenamente.
La revisión del T-MEC, que debe concluir el primero de julio de este año, ha contado también con la intervención directa de la presidenta Claudia Sheinbaum. Según Ebrard, una llamada telefónica entre la mandataria mexicana y el presidente Trump permitió que ambas partes expusieran sus preocupaciones, lo que derivó en avances significativos. “Nos faltarán una o dos cosas, lo demás está esencialmente resuelto o hay una aproximación suficiente”, explicó.
Como parte del proceso, la Secretaría de Economía realizó consultas internas con la industria a finales del año pasado. El informe resultante, que será entregado a la presidenta, refleja un consenso total en favor de preservar el tratado. “No hubo nadie que dijera ‘ya no queremos el tratado’”, señaló Ebrard, quien precisó que las principales inquietudes se centran en temas como la cuota compensatoria al tomate, los aranceles al acero, distorsiones en la industria automotriz y asimetrías en el mecanismo laboral, aplicado únicamente a México.
En cuanto a las críticas reiteradas del presidente Trump al T-MEC, el secretario de Economía minimizó el riesgo de una terminación inmediata del acuerdo, al señalar que existe un proceso legal en Estados Unidos que lo impediría. Además, destacó la profunda interdependencia económica entre ambos países. “Nosotros somos el cliente número uno de EU”, afirmó, al advertir que cualquier afectación a la economía mexicana tendría repercusiones inmediatas en territorio estadunidense, particularmente en estados como Texas.
Ebrard consideró que las amenazas arancelarias forman parte de la estrategia de negociación de Trump, basada en generar estrés para obtener concesiones. En este entorno de incertidumbre, aseguró que el Plan México ha funcionado como un amortiguador, reduciendo el impacto negativo de los acontecimientos registrados en 2025.
Sobre la relación con China, el funcionario reconoció el elevado déficit comercial, pero señaló que la estrategia pasa por sustituir importaciones factibles y fortalecer industrias prioritarias, como electrónica, semiconductores, farmacéutica, dispositivos médicos, aeronáutica, robótica y centros de datos. En el ámbito agropecuario, descartó la posibilidad de excluir granos del T-MEC, al considerar que ello pondría en riesgo exportaciones clave como berries y aguacates.
Finalmente, Ebrard vinculó expresiones intervencionistas recientes al resurgimiento de la doctrina Monroe y subrayó que México ha desarrollado una política exterior propia. “México es parte de América Latina y seguirá siéndolo”, concluyó.





