La nochebuena, conocida también como flor de Navidad, tiene su origen en Mesoamérica y fue utilizada desde la época prehispánica por distintas poblaciones, particularmente por los mexicas, quienes la empleaban como adorno en sus hogares, como hortaliza en algunos platillos y como un estimulante galactógeno, es decir, como una sustancia que aparentemente incrementaba la producción de leche materna.
De acuerdo con una publicación del INAH el uso y significado de esta planta antecede por varios siglos a su relación con la Navidad. El especialista detalló que fue hasta el siglo XIX cuando la nochebuena comenzó a cultivarse de manera sistemática en viveros y a asociarse con las celebraciones decembrinas, tras ser enviada fuera del continente americano.
La flor comenzó a asociarse con la Navidad después de 1830, luego de ser enviada a un jardín en Filadelfia y de empezar a reproducirse en viveros de Estados Unidos. Fue entonces cuando se encontró la forma de hacerla masiva y empezó a asociarse con la idea y el color rojo de Papá Noel, hasta que poco a poco se asoció al tema navideño.

La nochebuena es una especie propia de la región mesoamericana. Esta planta es netamente mesoamericana, en particular en lo que se conoce como la región neotropical; es decir, la región del eje Neovolcánico del centro de México hacia el sur y lo que son las costas del Pacífico y del Atlántico de México. De hecho, está documentado que las poblaciones prehispánicas la usaban en sus casas como adorno.
La distribución natural de la nochebuena se vio alterada tras su traslado a otras latitudes, lo que modificó su presencia original en el territorio mexicano. Indicó que uno de los registros científicos más antiguos sobre esta planta fue realizado por el explorador Francisco Hernández, quien documentó la flora, fauna y minerales de la Nueva España.

El problema es que su distribución natural quedó alterada luego de que fuera llevada a otras latitudes. De hecho, uno de los registros (científicos) más antiguos fue realizado por el explorador Francisco Hernández, quien trazó un registro completo de la flora, la fauna y los minerales de la Nueva España; y recuperó su nombre en lengua náhuatl: cuetlaxóchitl.
En cuanto a las zonas donde la nochebuena era común se detalla que la planta se encontraba principalmente en regiones cálidas y húmedas del país. Se presume que las colectas originales –antes de la conquista española– se hicieron en Morelos y en Guerrero, que es donde se encontraba de forma natural en algunas barrancas. Así que quienes la conocían eran los mexicas, quienes las usaban como adorno en sus casas.

Respecto a los registros visuales o pictóricos de esta planta, los investigadores aclaran que no existen representaciones tan detalladas como en otros casos, aunque sí hay referencias históricas claras sobre su uso. Se sabe que las usaban las poblaciones prehispánicas, como se registró en las crónicas del siglo XVI de Francisco Hernández, uno de los primeros científicos que llegó a la Nueva España; y también en la clásica obra de fray Bernardino de Sahagún (el Códice Florentino)”.
Asimismo, se documentaron propiedades curativas atribuidas a la nochebuena. “Incluso, se registraron las propiedades curativas de esta flor y, aunque no está comprobado del todo, se sabe que se llegó a utilizar como galactógeno en las mujeres que recién habían dado a luz, con la idea de incrementar su producción de leche”.
La planta se ha mantenido en gran medida similar a sus formas originales, aunque presenta algunas variaciones derivadas de su producción comercial.





