La detención de Allan Marrero durante una entrevista migratoria en el número 26 de Federal Plaza dejó a su esposo, Matthew Marrero, y a su comunidad en shock. La cita, realizada el lunes pasado en Nueva York, formaba parte del proceso para solicitar la residencia permanente a través del matrimonio, trámite que la pareja había preparado meticulosamente tras más de dos años juntos.
Según relataron, el arresto ocurrió después de que un oficial de inmigración les informara que Allan tenía una orden de deportación de la que no tenía conocimiento, lo que desencadenó su detención inmediata por parte de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Documented recogió la historia entre Matthew y Allan la cual comenzó cuando Allan dio un “me gusta” a una publicación del cantautor en Instagram, tras ver una transmisión en vivo donde Matthew conversaba sobre música con un amigo en común. Aquellos primeros intercambios digitales se convirtieron pronto en mensajes directos, luego en conversaciones más personales y finalmente en una primera cita sorpresa en una cafetería de Bed-Stuy, frente al apartamento de Matthew. “Es el hombre más atractivo que he conocido”, pensó Matthew al ver a Allan por primera vez en su perfil, convencido de que la conexión que surgía no podía ser real.

La relación creció con rapidez. “Para la semana anterior a San Valentín, ya escribía en mi diario: ‘Este será mi marido algún día’”, recordó Matthew. Después de más de dos años juntos, dos perros y numerosas noches bailando al ritmo de Beyoncé y Mariah Carey, la pareja se casó. Pero la estabilidad que deseaban consolidar se complicó al enfrentarse a un proceso migratorio que, según expertos, se ha vuelto cada vez más riesgoso para parejas de estatus mixto.
Allan, ciudadano de las Islas Caimán, había entrado a Estados Unidos en 2013 con una visa y solicitó asilo al llegar por temor a ser perseguido como miembro de la comunidad LGBTQ+. Ha asistido a audiencias en tribunales de inmigración, trabajado en el sector hotelero, pagado impuestos y no tiene antecedentes penales, según su familia y su equipo legal. La pareja decidió finalmente solicitar la Green Card, motivados también por el deseo de Allan de estudiar enfermería, para lo cual la residencia permanente facilitaría el acceso a ayuda financiera. Para ello reunieron miles de dólares y organizaron cuidadosamente una carpeta de 7,5 cm con fotografías y documentos que mostraban su historia.
Con el apoyo de su iglesia, Middle Church, solicitaron oraciones y se prepararon para la entrevista. La pastora Amanda Hambrick los acompañó al edificio federal, aunque no le permitieron entrar a la sala. Poco después de que la pareja ingresara, vio regresar a Matthew corriendo, llorando y gritando: “¡Amanda, Amanda, se lo llevaron!”. Según relató, Allan fue separado de Matthew al iniciar la entrevista, mientras el oficial los interrogaba sobre su relación y mencionaba la supuesta falta de Allan a una cita judicial que habría generado una orden de expulsión. Allan rompió a llorar al escucharlo.

Aunque en un inicio el oficial parecía considerar no contactar a ICE, advirtió que no podía protegerlos fuera de su oficina. Al finalizar la cita, dos agentes esperaban a Allan para detenerlo y trasladarlo al Centro de Detención Delaney Hall de Newark. “Lo que me ha atormentado desde que esto sucedió es que, al salir de la oficina, la señora nos dijo: ‘Que tengan un buen día’”, recordó Matthew.
Personas cercanas confirmaron a Documented que Allan no habría recibido la notificación para su última cita judicial porque residía en un centro de rehabilitación en ese momento. Kate Angustia, de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración, señaló que en estos casos existe discreción y que la detención no siempre es automática. Sin embargo, Allan resultó especialmente vulnerable en un contexto en el que, según organizaciones de asistencia legal, las entrevistas del USCIS se han convertido en un “coto de caza”.
La situación de Allan en detención ha sido difícil. Según su esposo, ha tenido problemas para recibir sus medicamentos diarios, incluidos antidepresivos, y otros detenidos lo han insultado con expresiones homofóbicas por llevar las uñas de los pies pintadas. También ha debido elegir entre recibir medicación, comer o recibir visitas debido a limitaciones de tiempo. No ha recibido aún artículos de comisaría como toallas y calcetines, aunque sí dinero para llamar a su familia y amigos. Matthew afirmó que su ánimo se ha ido deteriorando con cada visita. El domingo, Allan le contó que hubo una pelea en su habitación, con derrame de sangre y detenidos puestos en aislamiento, aunque él no participó.
Su abogado, Alexandra Rizio, explicó que Allan cumple los requisitos para obtener la Green Card, pero prepara a la pareja para soportar varias semanas de detención “injusta” mientras esperan la decisión del juez y la posible reapertura de su caso. La familia creó una página de GoFundMe para gastos legales, y la iglesia movilizó a miembros que contactaron a funcionarios electos locales y consiguieron un abogado pro bono que ya logró detener la deportación automática mientras se revisa el caso. El martes, la organización Make the Road publicó una petición exigiendo la liberación de Allan.

Ni ICE ni USCIS respondieron de inmediato a solicitudes de comentarios sobre el caso. Mientras tanto, Matthew continúa preocupado por la salud física y mental de su esposo y por la falta de acceso adecuado a sus medicamentos. “Nuestro amor no se merece esto. Y estar [en detención migratoria] con todas esas otras personas visitando a su familia, ellos tampoco se lo merecen. Es repugnante”, dijo Matthew en declaraciones a Documented.
La pareja esperaba celebrar tras la entrevista: visitar a la familia en Connecticut, ver Wicked y conmemorar el cumpleaños del padre fallecido de Matthew. “Todo eso se hizo añicos”, lamentó. Ahora, el objetivo de Matthew es claro: “Tengo muchas ganas de que mi esposo regrese a casa. Espero, rezo, que pueda salir antes de las fiestas”.





