*Porque cantar en español, hablar de migración, visibilizar a Puerto Rico y ocupar el escenario más mainstream del mundo sigue siendo un acto político.
Por Fernanda Aguilar
Bad Bunny hizo historia y lo hizo en español
Lo que acabamos de ver en el Levi’s Stadium no fue solo un halftime show.
Fue historia en tiempo real.
El Super Bowl LX acaba de marcar un antes y un después, no solo por el partido entre los Patriots y los Seahawks, sino porque Bad Bunny se convirtió en el primer artista en dar un espectáculo principal 100% en español. Sin concesiones, sin traducciones, sin bajar el volumen de lo que somos.
Y se sintió.
Se sintió fuerte.
Se sintió nuestro.
Desde el primer segundo, Benito transformó el campo en una celebración de identidad latina y cultura migrante. Nada estuvo ahí por casualidad.
La Casita apareció como símbolo de hogar, de raíz, de intimidad en medio del estadio más visto del planeta. Un recordatorio de que, aunque lleguemos lejos, venimos de algún lugar.
La narrativa visual fue poderosa y profundamente humana: escenas de la vida cotidiana migrante, bodas, pasillos tipo laberinto que representaban profesiones reales —vendedores, albañiles, maquillistas—. Oficios que sostienen países enteros y que casi nunca tienen reflectores.
Y entonces llegó “El Apagón”.
Benito, rodeado de bailarines con postes de luz, hizo una referencia directa a la crisis energética en Puerto Rico. En pleno Super Bowl. Frente a millones. Sin suavizar el mensaje.
Y en un gesto que rompió todo protocolo, entregó uno de sus Grammys reales a un niño que estaba en el escenario, mientras en las pantallas se proyectaba su discurso de aceptación al Grammy por Álbum del Año.
Lady Gaga apareció para cantar una versión salsera de “Die With a Smile”, demostrando que la música no necesita idioma para conectar y emocionar.
Ricky Martin se unió para interpretar “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, un puente entre generaciones y una afirmación de que la historia latina en la música sigue viva.
Y como parte del espectáculo —no como espectadores— vimos a Karol G y Pedro Pascal bailando en el campo, integrados a una producción masiva que gritaba: aquí estamos.
Fueron cerca de 15 minutos que se sintieron eternos y llenos de orgullo latino.
Este show no estuvo libre de polémica. Las críticas previas de figuras conservadoras, incluida la propia administración Trump, solo confirmaron algo: este espectáculo no buscaba ser cómodo.
Porque cantar en español, hablar de migración, visibilizar a Puerto Rico y ocupar el escenario más mainstream del mundo sigue siendo un acto político.
El cierre del show de Benito fue, sin duda, el momento más emotivo y cargado de simbolismo de toda la noche. No fue solo música; fue una cátedra de geografía, identidad y orgullo político que dejó a todos con la piel de gallina.
Mientras sonaba “Debí Tirar Más Fotos”, el escenario se llenó de color. No fue una mención rápida, fue un ritual.
Bailarines y extras salieron al campo con las banderas de todas las naciones soberanas de América Latina y el Caribe. Una por una. Sin jerarquías.
Entonces vino el pase de lista.
Bad Bunny empezó a nombrar país por país. Naciones que rara vez tienen este nivel de visibilidad en la televisión —como Paraguay o varios países de Centroamérica— fueron mencionadas con el mismo peso que las grandes potencias culturales de la región.
Y justo antes, lanzó una frase que ya es viral:
“God bless America”…
para inmediatamente después comenzar a nombrar a los países latinos.
Un guiño directo a su mensaje de siempre: América es todo un continente, no solo un país.
El clímax llegó cuando todas las banderas se agruparon formando un semicírculo a su alrededor. En las pantallas gigantes apareció el mensaje, en blanco sobre negro:
“Lo único más poderoso que el odio es el amor.”
Una respuesta clara, elegante y directa a todas las críticas recibidas durante la semana previa.
Benito cerró el micrófono diciendo:
“Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio y si hoy estoy aquí es porque nunca dejaron de creer en mí.”
No fue solo un show
Fue visibilidad.
Fue representación.
Fue orgullo latino en su máxima expresión.
El español no fue una barrera esta noche.
Fue bandera.
Fue abrazo.
Fue amor.
Y lo que acabamos de ver, no se olvida.






