Dentro de las instalaciones del Senado de la República, en el segundo piso del edificio principal, opera de manera discreta un salón de belleza exclusivo para legisladoras. El espacio, confirmado a Reforma por fuentes parlamentarias, fue habilitado para uso de la senadora morenista Andrea Chávez, aspirante a la gubernatura de Chihuahua, y sus allegadas, ofreciendo servicios de maquillaje y peinado durante los días de sesiones, según pudo constatarse.
El recinto ocupa lo que anteriormente fue la oficina de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la cual se encontraba vacante desde la Legislatura pasada. Al ingresar, se observan dos sillas negras giratorias frente a espejos de gran tamaño, un lavadero para cabello, un carrito con herramientas de estilismo y una caja rosa de aproximadamente un metro de altura que almacena productos de maquillaje. Dos sillas adicionales están disponibles para acompañantes o para la espera.

La encargada del lugar, identificada como Jazmín Espíndola, atiende a las senadoras “conforme van llegando”, principalmente los días martes y miércoles en un horario de 7:00 a 14:00 horas. Aunque los servicios más comunes son peinado y maquillaje, Espíndola afirmó que, con tiempo previo, podría gestionar también servicios de manicura. El costo varía según el tratamiento solicitado y no existe una tarifa estándar establecida.
A simple vista, la puerta del salón solo muestra una placa vacante, sin indicar la naturaleza del local. No obstante, empleados de la Cámara Alta reconocieron que el espacio lleva varios meses en operación. Esta no es la primera vez que se instala un servicio de este tipo en el Senado; trabajadores con antigüedad recordaron que durante la presidencia de Emilio Gamboa en la Junta de Coordinación Política (2015-2018) ya existió uno similar.
Dicho salón anterior fue dado a conocer en 2018 y su operación fue suspendida por el entonces presidente de la Jucopo, Ricardo Monreal, como parte de un Plan de Austeridad. En aquel momento, aunque no existía una partida presupuestal específica para la estética, su eliminación contribuyó al ahorro general de 655 mil 368 millones de pesos ejercido por la Cámara.
El acceso al actual salón ha sido calificado como selectivo por fuentes legislativas consultadas, quienes aseguraron que senadoras del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) no fueron invitadas a utilizarlo. Incluso, algunas legisladoras de Morena manifestaron desconocer su existencia. Sin embargo, este medio corroboró que la senadora del PVEM, Juanita Mena, fue ubicada por otros medios de comunicación dentro del salón mientras le aplicaban tinte en el cabello, lo que contradice la versión del acceso restringido.
La presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, reconoció la existencia del salón de belleza y consideró que es necesario para algunas senadoras que se trasladan de varias partes del país y requieren el servicio porque llegan muy temprano de sus estados de origen. A pesar de las declaraciones de la morenista el salón de belleza fue clausurado y se le colocaron sellos de resguardo.
La instalación de este espacio ha generado cuestionamientos sobre el uso de áreas y recursos de la Cámara Alta. El salón funciona sin una placa identificativa y su gestión es directa, sin un proceso de licitación o transparencia sobre los ingresos que genera o su posible costo para el erario por el uso del espacio y servicios básicos.
La senadora Andrea Chávez, señalada como principal promotora del espacio, no se ha pronunciado públicamente sobre su habilitación o los criterios de uso. Tampoco la Mesa Directiva del Senado ha emitido un comunicado oficial que regule, justifique o explique la existencia de este servicio dentro de la sede legislativa.
El contraste entre este servicio y el discurso de austeridad que prevalece en la administración pública federal es notable. La reaparición de un salón de belleza en el Senado ocurre en un contexto donde se han recortado recursos a programas sociales y se ha enfatizado la necesidad de racionalizar el gasto gubernamental en todas sus formas.





