La Unión Europea (UE) debate la imposición de aranceles comerciales de 93.000 millones de euros contra Estados Unidos y la activación de un mecanismo para restringir el acceso de empresas estadounidenses al mercado único, en respuesta directa a las amenazas del presidente Donald Trump de gravar a los aliados de la OTAN que despliegan tropas en Groenlandia.
La medida se discute a contrarreloj para presentar una posición unida ante un esperado encuentro en el Foro Económico Mundial de Davos esta semana.
Una lista detallada de tarifas retaliatorias fue preparada el año pasado y su aplicación, originalmente suspendida hasta el 6 de febrero para evitar una escalada, fue debatida este domingo en una reunión de emergencia de los 27 embajadores de la UE en Bruselas.

En paralelo, se evaluó el uso del llamado Instrumento Anti-Coerción, adoptado en 2023 pero nunca utilizado, que otorga a Bruselas poderes para limitar la participación de empresas estadounidenses en licitaciones públicas, restringir inversiones y controlar importaciones y exportaciones.
La crisis se desencadenó el sábado, cuando Trump publicó en su plataforma que impondría aranceles del 10% a partir del 1 de febrero a productos de Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia, Noruega, Países Bajos, Finlandia y Dinamarca. La justificación es la presencia de tropas de estos países, miembros de la OTAN, en Groenlandia. Trump amenazó con elevar estos aranceles al 25% en junio si no se alcanzaba un “acuerdo para la compra total y plena de Groenlandia” por parte de Washington.
“¡La paz mundial está en juego! China quiere Groenlandia y Dinamarca no puede hacer nada al respecto”, escribió el mandatario.
La reacción europea ha combinado firmeza con un llamado cauteloso al diálogo. Un diplomático europeo informado sobre la reunión en Bruselas describió los métodos de Trump como “puramente mafiosos” y advirtió de que la UE cuenta con “claros instrumentos de represalia” si las amenazas persisten. “Al mismo tiempo queremos hacer un llamado público a la calma y darle a Trump la oportunidad de bajarse del burro”, dijo el funcionario. “Es la táctica del palo y la zanahoria: un sistema que te recompensa por algunas acciones y te amenaza con castigos por otras”.

Francia ha sido el país más enérgico, impulsando la activación inmediata del Instrumento Anti-Coerción. París y Berlín coordinan una respuesta conjunta, y sus ministros de Finanzas mantendrán una reunión en Alemania este lunes antes de viajar a Bruselas para un encuentro con sus homólogos europeos.
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, cuya nación ejerce la soberanía sobre Groenlandia, aseveró que Europa “no se dejará chantajear”. Sin embargo, otros Estados miembros prefieren agotar la vía del diálogo antes de activar medidas tan drásticas, reflejando una división entre los que abogan por una línea dura y los más cautelosos.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, declaró que la UE está preparada para defenderse de “cualquier forma de coerción”. Como primera muestra de respuesta concreta, los principales partidos del Parlamento Europeo acordaron este fin de semana retrasar una votación prevista para finales de enero que habría rebajado aranceles a productos estadounidenses, como parte de un acuerdo comercial alcanzado en 2025.
La situación ha creado una fractura sin precedentes en la alianza transatlántica. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, argumentó que Europa es “demasiado débil para garantizar la seguridad de Groenlandia” y se negó a dar marcha atrás en la demanda de controlar la isla. “Establezcamos la paz a través de la fuerza. Incorporemos (Groenlandia) a Estados Unidos y no habrá conflicto, porque Estados Unidos en este momento es el país más fuerte del mundo. Los europeos proyectan debilidad”.
Todos los ojos están puestos ahora en Davos, Suiza, donde se celebra el Foro Económico Mundial. Se espera que Trump asista el miércoles y jueves, y mantenga conversaciones privadas con líderes europeos, incluida la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La respuesta comunitaria elaborada en Bruselas busca consolidar un poder de negociación fuerte y unificado para estas “reuniones cruciales”. Se prevén meses de tensas negociaciones y se advierte que, si bien el plazo del 1 de febrero podría posponerse, la cuestión de fondo sobre Groenlandia y las tensiones comerciales no desaparecerán pronto, generando incertidumbre para las economías europeas.





