El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este martes 13 de enero que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no es relevante para su país, en medio de su presión para que las empresas regresen la producción manufacturera a suelo estadounidense. Las afirmaciones las hizo durante un recorrido por una planta de Ford Motor Co. en Dearborn, Michigan, antes de un discurso económico programado en Detroit.
“No tiene ninguna ventaja real, es irrelevante. A Canadá le encantaría, lo quiere, lo necesitan”, dijo Trump sobre el acuerdo comercial vigente desde julio de 2020. El exmandatario, quien negoció e implementó el T-MEC durante su primer término para reemplazar al anterior Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ahora minimiza su importancia estratégica para Estados Unidos.
Durante su intervención en el evento industrial, Trump enfatizó una visión económica centrada en la producción doméstica. “El problema es que no necesitamos su producto. No necesitamos coches fabricados en Canadá. No necesitamos coches fabricados en México. Queremos traerlos aquí, y eso es lo que está pasando”, afirmó, reforzando el mensaje proteccionista que caracterizó su administración y su campaña actual.

El T-MEC, que establece las reglas comerciales para una de las regiones económicas más grandes del mundo, enfrenta un proceso de revisión este año. Este mecanismo, pactado en el texto del tratado, permitirá a las tres naciones decidir si el acuerdo se mantiene vigente, se modifica o se deja expirar, una posibilidad que ahora Trump parece avalar con sus declaraciones.
El contexto de las afirmaciones es clave, ya que Michigan es un estado crucial en las contiendas electorales y un histórico centro de la industria automotriz estadounidense. La visita a la fábrica de Ford sirvió como escenario para conectar con trabajadores y reiterar promesas de relocalización industrial. Las declaraciones surgen en un momento de intensa competencia política y de debates sobre el futuro de las cadenas de suministro en Norteamérica.
El tratado, que fue presentado por el gobierno de Trump como un logro histórico y una mejora sustancial respecto al TLCAN, es ahora cuestionado públicamente por su propio arquitecto. Las repercusiones de estos comentarios en la relación comercial trilateral y en el proceso de revisión que se avecina aún están por evaluarse, generando incertidumbre entre los sectores económicos de los tres países vinculados por el acuerdo.





