*Claudia Sheinbaum ha enfrentado por lo menos dos momentos críticos tanto en la presidencia de la República como en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y ambos eventos tienen dos coincidencias.
Por Camel
Ciertamente no es fácil ser presidenta de la República, pero la cuestión no es qué tan preparado estés para ello, sino qué tan capaz eres de prevenir y/o reaccionar.
Claudia Sheinbaum ha enfrentado por lo menos dos momentos críticos tanto en la presidencia de la República como en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Y ambos eventos tienen dos coincidencias: haber ocurrido en medios de transporte y ser herencia de los gobiernos anteriores.
El maldito neoliberalismo, pensarían algunos; pero no, sino más bien el maldito malhechismo de la “izquierda” -si es que eso existe aún- de nuestro país.
El 3 de mayo de 2021, un convoy de la línea 12 del metro de la CDMX desplomó del paso elevado sobre Avenida Tláhuac, cerca de la estación Olivos.
El saldo: 26 muertos.

La línea 12, desde su construcción generó dudas por su alto costo y problemas técnicos de compatibilidad entre las ruedas de los trenes y los rieles, lo que llevó a un cierre parcial por mantenimiento mayor apenas un año después de su apertura en 2012, bajo el gobierno de Marcelo Ebrard.
A partir de ello, el gobierno de Sheinbaum anunció distintas acciones realizadas a un año de la tragedia, como la colocación de diagonales verticales y horizontales para el acoplamiento de trabes, instalación de puntales que reducen la carga y un encamisado con cinturón de acero que conecta toda la estructura; sellado de las fisuras en columnas y recubrimiento con membranas de fibra de carbono para incrementar su resistencia, entre otras acciones más.
Pero uno no sabe si hay algún karma que se esté pagando o es simple mala suerte.
El 28 de diciembre de este 2025, hace unos días pues, el Tren Interoceánico se descarriló a la altura de Ixtepec, dejando un saldo de 13 muertos.
Ese tren es otra de las magnas obras de López Obrador, quien lo inauguró en 2023 con miras a fortalecer el desarrollo de la región.
La reacción de Sheinbaum, más allá del apoyo económico y atención a las víctimas y sus familiares, destacó por lo furiosa que se puso tras la publicación de la portada del diario El Universal del 30 de diciembre, en donde aparecieron los rostros de las víctimas.
Es decir, las reacciones a un año de la presidencia no coinciden con la de 3 años en la jefatura de gobierno.
Las responsabilidades aumentan y con ello la presión crece al triple.
Si la presidenta no contiene la furia en contra de los medios de comunicación, serán cinco años complejísimos para ella -porque uno ya no sabe qué esperar del legado lopezobradorista- por más que su contraataque sea la popularidad que se carga.





